Vientián (día 111)

Llegué a Vientián ayer, tras pasar un doloroso día en Vang Vieng recuperándome de las magulladuras del tubing. Llegué en un autobús viejo y traqueteante, acompañado de dos pavos en una cesta. Vientián es una ciudad gris y aburrida, carente del encanto y belleza del resto de Laos. No sé como se lo han arreglado para hacerlo, pero así es. Me alojo en Phatoumphone Guesthouse, donde dispongo de una habitación cerca del río, limpia con ventilador y baño propio, por $5. Un poco más caro que en el resto de Laos.

PatuxaiPatuxaiVista desde el Patuxai

Alquilo una bicicleta y me dirijo a la embajada de Vietnam, donde puedo adquirir un visado por $45, $55 o $60, dependiendo de cuanta prisa tenga. Pago $60 por obtenerla hoy mismo. Claramente, no creo que todo ese dinero vaya a parar al gobierno vietnamita. Al salir de la embajada me dedico a explorar la ciudad. Mi primera parada es el Patuxai, el arco del triunfo de Vientián. Es una estructura de aspecto pesado hecha con cemento. Quiere ser bonito pero no le sale. De hecho, hay una placa en un lado que dice: “[...] nunca completado debido a la turbulenta historia del país. Desde una distancia corta parece incluso menos impresionante, como un monstruo de cemento”. No lo podría haber descrito mejor, ¡y es el departamento de turismo de Laos quien dice esto! Pago la entrada de 30.000 Kip para entrar y subir a la azotea. Por dentro la estructura definitivamente necesita una reforma, desnuda e inacabada, sin ventanas, que hace que de la impresión que uno se encuentra en el metro, no en un monumento nacional. La vista desde la azotea tampoco es particularmente espectacular.

Pha That LuangPha That LuangPha That Luang

Desayuno junto al río y compro un libro de Tom Clancy. Intento conseguir un billete de bus local para ir a Hanoi mañana pero me entero de que la estación del Norte se encuentra a 13 kilómetros de distancia así que acabo comprando un billete para un bus de mochileros que sale hoy mismo a las 7 de la tarde, llegando a Hanoi a las 7 de la tarde del día siguiente. ¡Ay ay ay! Habiendo decidido esto, visito Pha That Luang, la gran estupa sagrada, que de nuevo está bien pero no es particularmente impresionante. En el camino de vuelta me paso por la embajada a recoger mi visado y me encuentro con Murph, un irlandés que conocí haciendo tubing en Vang Vieng. El también va hacia Hanoi, pero lo hará mañana.

Vuelvo al centro de la ciudad a escribir unos cuantos emails y después a la casa de huéspedes a hacer la mochila. Se supone que me tienen que venir a buscar para llevarme a la estación pero nunca aparecen, así que tengo que gastarme $3 en coger un Songthaew. Milagrosamente, cojo el autobús en el último minuto. El autobús no es exactamente lo que me esperaba. Es definitivamente mejor que cualquier otro autobús que haya usado en Laos, pero sigue siendo viejo, sucio y lleno hasta la bandera, así que el prospecto de tener que pasar 24 horas aquí no es muy alentador. Me siento con una chica filipina que trabaja en Hanoi enseñando inglés y que está intentando viajar por Asia y el mundo mientras trabaja. Sin embargo, los vietnamitas no le caen demasiado bien. Dice que son realmente maleducados y siempre intentan estafar a los turistas. No es la primera persona que me dice esto.

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Tubing en Vang Vieng (día 108)

Paisaje de camino a Vang ViengLlegué a Vang Vieng hace dos días después de viajar de Luang Namtha a Luang Prabang y de ahí a Vang Vieng. Me alojo en Sisavang Guesthouse, que proporciona habitaciones limpias con baño propio y agua caliente por $3 la noche. Vang Vieng es, tal y como decía la guía y como lo advertía todo el mundo, un pueblo de mochileros. Parece estar formado casi íntegramente por casas de huéspedes, restaurantes y bares donde uno puede ver Friends o Los Simpson de manera contínua e ininterrumpida durante todo el día mientras come pizza y bebe beer Lao. Esto, he de ser sincero, no es una mala cosa si se toma en pequeñas dosis. Por otro lado, Vang Vieng está situado en un escenario precioso de montañas de piedra caliza gris clara cubiertas en vegetación verde oscuro, y dado que el pueblo esta formado por tan solo un puñado de calles sin pavimentar, uno se siente bastante en medio de la naturaleza, a parte de por las televisiones con Friends a toda caña.

Vang Vieng Vang ViengLa razón por la que Vang Vieng es famoso entre el círculo de mochileros no es, sin embargo, su belleza escénica ni sus maratones de Friends. Vang Vieng es famoso porque se puede hacer “tubing” en el río Nam Song. Hacer “tubing” consiste en alquilar un neumático de tractor y usarlo a modo de flotador para tirarse río abajo. ¿Pensando en aguas bravas? Nada más lejos de la realidad. El río es muy tranquilo y fluye apaciblemente, y a cada orilla han ido apareciendo cabañas de bambú a modo de bares donde uno puede parar en su descenso y beber beer Lao, Lao-Lao (whiskey de arroz laosino) y tirarse por los muchos toboganes, trampolines y cuerdas que los dueños de los bares han ido poniendo en la orilla.

Intrépido aventurero preparado para hacer tubingVoy a alquilar un “tube” o neumático a uno de los puestos que se pueden encontrar junto a la orilla. El mínimo de gente son tres personas ya que te llevan en tuk-tuk río arriba así que tengo que esperar a que alguien más se apunte. Me doy un paseo hasta que encuentro un grupo de canadienses y neozelandeses, así que me uno a ellos y se nos lleva río arriba al punto de comienzo, en una playa de cantos rodados. En el camino conozco a Paul y Sarah, una pareja de ingleses que vivieron en Roma durante un par de años. Nos sentamos en nuestros “tubes” y dejamos que la corriente del río nos arrastre apaciblemente.

Tubing en Vang ViengEn la primera parada pedimos varias beer Lao y nos tiramos por varias plataformas de bambú que los dueños han construido, al principio con cuidado y al poco tiempo de cabeza. También hay una tirolina por la que uno puede deslizarse y tirarse al río. Un par de personas, claramente experimentadas, se tiran por la tirolina, dan la voltereta al revés y caen de cabeza. Yo, claramente poco experimentado, lo intento y caigo de espaldas.

Tubing en Vang ViengTubing en Vang ViengTubing en Vang Vieng

El agua dueleEn la segunda parada hay unas cuantas plataformas y una cuerda a modo de columpio. Se empieza a notar el efecto de las varias cervezas que me he tomado en el sentido de que intento la voltereta inversa desde el columpio y funciona a la perfección.

En la tercera parada hay lao-lao gratis para todos y la verdad es que se empieza a notar el ambiente cada vez más distendido y temerario. Hay un columpio bastante alto. Tras tirarme un par de veces de cabeza intento el truco de la voltereta hacia atrás y caigo de medio lado. ¡Es increíble cuanto puede doler el agua!

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Día 104: Luang Namtha en bicicleta de montaña

Llueve sin parar durante toda la noche. Un par de veces llueve tan fuerte que hasta me despierta. Al despertarme por la mañana ya no llueve, aunque está nublado y la electricidad en gran parte del pueblo se ha cortado a causa de la tormenta. Me alojo en Manychan Guesthouse, que por $4 ofrece habitaciones con baño propio, todo nuevo y en perfecto estado. Hay habitaciones por $2, con muros de madera, que no están mal pero el baño es compartido, está en la planta baja y está encharcado.

Decido que no quiero apuntarme a una excursión ya que ya he ido a un par y por ahora lo de conocer a grupos étnicos en sus aldeas ha sido siempre lo mismo, no la experiencia exótica, tribal y remota que yo me esperaba. En vez de ir de excursión, alquilo una bicicleta de montaña y salgo a explorar los alrededores con un mapa bastante básico que me regalaron dos chicas inglesas que conocí ayer. Lo compraron en KNT Internet, en frente de la casa de huéspedes.

En bicicleta por Luang NamthaPedaleo durante cuatro kilómetros hacia el Sur, durante los que paso un grupo de monjes, uno de ellos con un gorro de lana a juego con la túnica. Al llegar a una pista de aterrizaje, giro hacia la derecha por la carretera sin pavimentar donde está Boat Landing guesthouse. Tras cruzar un puente las ruedas de la bicicleta se empiezan a hundir en el barro pero más adelante el camino se va secando. Cruzo Ban Pasak, una aldea del grupo étnico Tai Dam, “tai negros” y llego a una zona con campos de arroz a ambos lados del camino. Los brotes son de un verde intenso que contrasta con el gris azulado del cielo y el marrón oscuro de las montañas en el horizonte.

Campos de arroz en Ban Man, en Luang NamthaBan Man, en Luang NamthaBan Man, en Luang Namtha

Al pasar por Ban Man, otra aldea, varios niños se me quedan mirando mientras una pareja hila en una rueca tradicional en el porche de una casa. Adelanto a una mujer mayor que lleva una cesta con brotes de arroz en su brazo y un sombrero de cono en su espalda. Va protegida por un paraguas abierto aunque ni hace sol ni llueve. El camino cruza la carretera R3 y se convierte en una camino de tierra, o mejor dicho en una piscina longitudinal de barro. El barro se mantiene constantemente húmedo por una ligera llovizna y el suelo es de arcilla, lo que lo hace aún más resbaladizo… Y divertido, ya que la bicicleta no para de derrapar.

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Día 100: Phonsavan y la llanura de las jarras

Mercado de carretera en LaosLlegué a Phonsavan ayer tras ocho horas de viaje en autobús. Durante el viaje pude disfrutar de las espectaculares vistas que brinda la carretera que serpentea entre colinas y poblados de cabañas de madera, mercados callejeros, niños sorbiéndose los mocos y cerditos durmiendo. Uno de los pasajeros dio un toque de aventura al asunto al llevar consigo un Kalashnikov. En cierto modo no resultó nada intimidante. Por su manera despreocupada y casi amistosa parecía que llevaba acuestas un paraguas en vez de un rifle de asalto.

Unexploded Ordnance - Munición sin explotarPhonsavan no es más que cuatro calles y un mercado de lo más caótico donde pobres lechones y pollos, literalmente enfundados en cestas de bambú, aguantan estoicamente su terrible destino. Me he alojado en Kong Keo guesthouse, que aunque mi guía Lonely Planet la pone bastante bien, está completamente vacía y no se parece en nada a las fotos de la web. Elegí la habitación más barata, que por $2 (€1,3) es una ganga aunque los muros tienen manchas de humedad y el colchón tiene toda la pinta de que se me va a comer por la noche. Además, hay un ruido incesante, de lo más tenebroso, en la habitación de al lado.

Llanura de las jarrasLlanura de las jarrasLlanura de las jarras

Me despierto a las 7.30 de la mañana con el ruido incesante de la habitación de al lado. Ayer reservé una excursión en “Indochina Travel” a la llanura de las jarras con otras cinco chicas que son simpáticas pero sin embargo no parecen tener muchas ganas de hacer amigos. Al llegar a la llanura el paisaje es bonito y sereno, pero me pregunto si realmente ha merecido la pena el esfuerzo de venir aquí a ver esto. El guía es competente y nos explica un montón de cosas acerca del origen de las enormes jarras (todo se reduce a que nadie tiene la más mínima idea de por qué están allí ni para qué se usaban) y también nos explica un montón de cosas acerca de la guerra, aprovechando los inmensos cráteres de hasta cinco metros de profundidad que salpican el terreno.

La llanura de las jarrasLa llanura de las jarrasLa llanura de las jarras

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Día 97. Luang Prabang: Cascadas de Kuang Si

Hoy me despierto temprano para ir a las cascadas de Kuang Si antes de que llegue la masa de turistas en autobuses. Tras negociar un poco cogemos un tuk-tuk entre cuatro por $12 ida y vuelta, lo que parece ser el precio estándar. Las cascadas están a unos 30 kilómetros de Luang Prabang pero como la carretera no está asfaltada cuesta llegar unos 45 minutos.

Cascadas de Kuang SiCascadas de Kuang Si

Las cascadas son preciosas y crean pozas donde uno se puede bañar. El agua está fresca y es translúcida pero con un tono turquesa y verde al mismo tiempo. Subimos por el valle hasta una catarata de unos 15 metros de altura coronada por vegetación que van formando terrazas hasta la cima de la colina. Es precioso y la poza que ha formado la catarata es enorme pero no se permite el baño en ella.

Cataratas de Kuang SiTras andar durante diez minutos por la empinada cuesta al lado de la catarata llegamos a una terraza de piedra caliza cubierta de vegetación donde comienza la catarata. La vista es preciosa y se puede ver toda la hilera de cascadas entre los árboles valle abajo. Decido bajar por el camino al otro lado. Resulta ser bastante difícil, al menos en chanclas, ya que es muy empinado y algo lodoso. En un momento dado estoy a milímetros de meter la cara en el centro de una enorme telaraña donde una igualmente tremenda araña espera a su siguiente presa. ¡Me pone los pelos de punta!

Araña grande, fea y malaNos damos un chapuzón de vuelta en las pozas valle abajo. En una de ellas hay un árbol donde uno se puede subir y tirarse al agua, incluso balanceándose en la cuerda que alguien ha atado alrededor del tronco. Mi torpeza y cautela al subirme al tronco queda resaltada un minutos después cuando una pandilla de chavales llega y comienza a tirarse de cabeza y hacia atrás y esas cosas. De pronto comienza a llover y todo el mundo se marcha, así que tengo la oportunidad de bañarme yo solo en una poza de agua turquesa mientras oigo las gotas de agua golpear la superficie del agua. ¡Que bien!

Comemos en el aparcamiento junto a las cataratas donde nos espera el tuk-tuk. Lo mejor es cuando pido ensalada de papaya y la camarera procede a golpear un árbol cercano hasta que una papaya cae. ¡No podría ser más fresca! De vuelta en Luang Prabang paso el resto de la tarde leyendo “La Playa” de Alex Garland. Al anochecer me doy un paseo por el mercado nocturno sacando fotos. Creo que es lo que más me gusta de Luang Prabang. Después cenamos todos juntos en un puesto callejero bastante barato, en plan buffet, en una de las esquinas que el mercado tiene con las callejuelas que van hacia el Mekong. Hay que sentarse en un banco y compartir mesa con más gente. Conocemos a varias chicas israelís.

Mercado nocturno de Luang PrabangMercado nocturno de Luang PrabangMercado nocturno de Luang Prabang

Me apetece un montón salir a tomar una cerveza esta noche pero a nadie le apetece, así que me voy pronto a la cama. De camino a la casa de huéspedes tengo una breve pero ligeramente divertida conversación con un camello que pasaba por ahí:

- Fumas marijuana?
- No, no fumo, lo siento.
- ¡Pero es buena!
- Sí, lo se, ¡pero es que no fumo!

Día 96. Luang Prabang

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Me despierto con el croar de los gallos y los ruidos matutinos del callejón al que da la ventana. Al salir veo a “Eh” con su hermano y un amigo jugando a la petanca, algo que supongo será herencia de los franceses. Son muy dulces y sonrientes y buenas personas. Es cierto que “Eh” nos captó para dormir en la casa de huéspedes ayer, pero carece del aire de tiburón y la mirada fría de algunos niños en Tailandia. Espero de verdad que la cosa no cambie. Su padre, Mr. Hu, es un conductor de Tuk-tuk y es también muy simpático. De hecho, todos los conductores parecen simpáticos aquí: Cuando ofrecen sus servicios es en una manera suave y no intrusiva y no te intentan timar de una manera tan obvia como en Tailandia. Me paseo por el mercado en el callejón de al lado. La fruta y los vegetales tienen una pinta excelente, pero el pescado del Mekong es feo y fétido y la carne está cubierta de moscas. También hay a la venta algo que parece como un pedazo de piel de animal ensangrentada. ¡Casi me hace vomitar!

Desayuno con Michael y después nos despedimos, quedando en reunirnos con los israelís a la una de la tarde para ir a visitar las cercanas cataratas de Kuang Si. Me doy un paseo por el barrio y siguiendo el río Nam Khan. Hace muchísimo calor y estoy empapado de calor, especialmente tras subir a la colina de Phu Si. Los templos y el arte allí son fantásticos y en cierto modo distintos al arte tailandés, pero lo realmente bello son las vistas desde lo alto de la colina. Luang Prabang parece tener una baja densidad de edificios. La mayoría de ellos son simplemente casas de ladrillo de dos pisos con techos de pizarra.

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Voy al banco y cambio $100 por 1.000.000 Kip. ¡Soy millonario! A la vuelta me encuentro con Michael y compañía. Me cuenta que el plan de las cataratas se ha cancelado porque no pueden encontrar a los israelís; hace un calor de muerte; y es mucho mejor ir a las cataratas por la mañana antes de que todos los autobuses turísticos lleguen. Paso el resto del día refugiándome del calor en un cybercafé con aire acondicionado, hasta que una fuerte tormenta refresca el ambiente al anochecer.

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Por la noche quedamos a cenar con las chicas inglesas que conocimos ayer. No se por qué pero me aburro y Michael parece dominar la conversación. Considero el irme a casa pero acabo viendo la primera mitad de Inglaterra contra Trinidad y Tobago antes de irme a dormir.

Día 95. Pakbeng – Luang Prabang

Me despierto temprano tras una noche tranquila para encontrarme con que la cama tenía chinches y se me han comido vivo durante la noche.

El Mekong desde Pakbengtlvc2006_0771.jpgtlvc2006_0776.jpg

Tras el desayuno nos volvemos a subir al barco para continuar nuestro descenso por el Mekong hacia Luang Prabang. El tiempo pasa lenta pero plácidamente. La gente charla, lee libros, juega a las cartas o backgammon. Personalmente paso el tiempo acabando mi libro acerca de Hemingway, bebiendo cerveza Lao y charlando con desconocidos mientras observamos perezosamente las orillas del Mekong. Acabo conociendo a bastante gente de Israel y también de Sudáfrica, el Reino Unido, Países Bajos, Estados Unidos y Canadá, y a lo que me quiero dar cuenta hemos llegado a Luang Prabang.

Es algo que me sorprende bastante ya que me esperaba algo del estilo de Bangkok, donde el Mae Nam Chao Phraya está bordeado de edificios, cruzado por multitud de puentes y lleno de ruidosas embarcaciones. Sin embargo, llegamos a Luang Prabang y sencillamente la ciudad no está ahí. Sólo podemos ver arbustos y árboles. Lo único que revela que hay una ciudad tras la vegetación es la línea de taxistas y buscavidas que nos esperan ansiosamente al otro extremo del muelle. Para nuestro alivio aquí no son como en Pakbeng o Tailandia y aceptan un “no” como respuesta, aunque la cosa se pone algo estresante ya que hay multitud de ellos. Me pego a un grupo de gente que he conocido en el barco y escapamos de la multitud. El grupo está formado por Michael, de Sudáfrica, Marcus, de Inglaterra y Simona de Holanda, aunque tras un rato decidimos separarnos y Michael y yo buscamos alojamiento juntos.

Luang PrabangLuang Prabang no parece una ciudad en absoluto. No hay casi tráfico a parte de unas cuantas motocicletas, bicicletas y tuk-tuks. La gente anda por mitad de las calles, cruzándose con niños jugando y el ocasional grupo de gallinas picando algo de comida entre el polvo de las calzadas. Otra gran diferencia con el resto de las ciudades que he visitado hasta ahora es la arquitectura, ya que Laos solía ser una colonia francesa y esto ha quedado impreso en el estilo colonial de la mayor parte de los edificios.

Eh y su hermanoMichael y yo visitamos varias casas de huéspedes en busca de algo básico y barato pero no encontramos nada que nos convenza. Mientras caminamos un niño de unos 8 años, llamado “Eh” viene hacia nosotros y nos pregunta si necesitamos alojamiento barato. Antes de que podamos decir nada nos lleva por una estrecha bocacalle hasta llegar a Vong Champa guesthouse, regida por su padre, que es un tipo simpático conductor de taxi. Las habitaciones son básicas pero limpias y con el baño y ducha compartidos. Son 30000 Kip (€2,32) por una habitación doble así que Michael y yo decidimos compartir habitación. Estamos exhaustos del viaje así que decidimos descansar un poco y dejamos la puerta abierta. A los cinco minutos aparece Eh con su hermano, los dos mirándonos con curiosidad. Son dos niños muy dulces y muy inteligentes.

Al caer la noche nos damos un paseo por el mercado nocturno. El ambiente es muy especial ya que, a diferencia de todos los otros mercados, el mercado aquí es bastante tranquilo y silencioso. Hay bastante gente paseando, algunas personas regateando y al pasar las vendedoras dicen “sir, buy something, sir” pero incluso esto se hace en un tono suave, no invasivo, casi calmante. Aunque el mercado se bifurca por una pequeña callejuela donde hay puestos de comida, casi todo el mercado está dedicado a la artesanía. Uno de los productos más populares a la venta son unas lámparas hechas con globos de papel coloreado que pintan el mercado de colores cálidos y le dan un aire mágico. En un momento dado me tropiezo con una pareja de canadienses que había conocido buceando en Koh Tao. Nos alegramos de vernos, nos maravillamos de lo pequeño que es el mundo y continuamos nuestros caminos.

Mercado nocturno de Luang PrabangMercado nocturno de Luang PrabangMercado nocturno de Luang Prabang

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Día 94. Chiang Khong – Pakbeng: Crucero por el Mekong

Duermo bien aunque es un poco extraño compartir el cuarto con dos desconocidos. En un momento durante la noche me tiro un pedo tan fuerte que me despierto a mí mismo, y debo de despertar a Tara también porque la oigo jurar en inglés. Me disculpo al día siguiente pero ella no se acuerda, o no se quiere acordar.

Primera vista del MekongHoy es un día muy importante. Primero, porque cambio de países tras tres meses de viaje: de Tailandia a Laos. Segundo, porque al despertar por fin puedo ver el Mekong, uno de los grandes ríos del planeta y emblemático entre viajeros, ya que en sus 4880 kilómetros de longitud sus aguas pasan por el Tíbet, China, Birmania (Myanmar), Tailandia, Laos y Camboya para por fin desembocar en un magnificente delta en Vietnam, de vital importancia para muchos ecosistemas así como para las economías de miles de personas. Pienso esto mientras desayuno y charlo con Tara justo en frente del río.

Barcos “lentos” a Luang PrabangPlaneamos coger un barco que nos llevará río abajo durante dos días hasta llegar a Luang Prabang. Puede parecer lento, pero al parecer los paisajes son sobrecogedores. La otra opción es coger una lancha motora que, aunque hace el mismo recorrido en ocho horas, es extremadamente incómoda ya que los pasajeros han de ir hacinados y expuestos al sol. También es peligrosa ya que se dan casos de muertes al producirse choques a alta velocidad contra las afiladas rocas que bordean las orillas del río. Compramos los billetes en la casa de huéspedes y nos llevan en coche hasta el muelle, donde cogemos una piragua que parece a punto de hundirse hasta la orilla en Laos. Pasamos por la frontera, se nos firman los visados y… ¡Ya estamos en Laos!

Barco “lento” a Luang PrabangEl viaje por el Mekong transcurre lentamente pero no importa porque hay muchísimos mochileros de todas partes por conocer, casi todos ellos dispuestos a una buena charla ya que no hay mucho más que hacer. Soprendentemente, muchos de ellos son israelís. El paisaje está formado por colinas cubiertas en vegetación y alguna que otra aldea o rebaño de búfalos de agua. El barco hace algunas paradas en las orillas, aparentemente desiertas, aunque fijándose un poco uno puede ver los techos de paja de chozas entre la vegetación. Cada vez que paramos la población de las orillas se revela en la forma de niños con cubos de plástico llevando toda clase de refrescos a la venta. No llevo idea de comprar nada pero Tara me hace ver que quizás esta sea su única fuente de ingresos. La verdad es que parecen pobres, así que me compro un par de cervezas Lao, que por cierto son famosas por su calidad y de hecho saben buenísimas.

Parada en el caminoParada de avituallamientoParada de avituallamiento

Orillas del MekongBarco “lento”, vida “lenta”Marinero de agua dulce

Orillas del MekongNos lleva 9 horas alcanzar Pakbeng, donde paramos a pasar la noche. Tal y como bajamos el barco somos asaltados por hordas de gente a la caza de turistas desprevenidos. Casi todos parecen bastante sospechosos y parte de ofrecer habitaciones también ofrecen opio y marijuana. Acabamos en un sitio más o menos bien junto al río, donde se nos asegura que podemos ver España jugar contra Ucrania en la copa del mundo de fútbol, aunque esto nunca ocurre. Pago por mi cena y me dan el cambio incorrecto. No me está gustando Pakbeng y espero que sólo se trate de un caso aislado. Es como si la gente me intentara estafar a cada paso que doy. Intentamos encontrar un sitio donde ver el fútbol sin éxito y de paso se nos ofrecen varias veces toda clase de drogas. Al final se apagan las luces (parece ser que toda la aldea se ilumina con generadores) y nos vamos a dormir.

Noches del MekongNoches del Mekong

En el lado positivo de las cosas, junto al camino que lleva a la casa de huéspedes hay un bosque repleto de luciérnagas, que le dan un toque absolutamente mágico. Nunca había visto luciérnagas, ciertamente no en esta cantidad y brillando tan fuertemente, así que me quedo un rato boquiabierto mirando al bosque e la oscuridad. Al volver a mi habitación descubro un balcón que da al Mekong. La luna llena ilumina el río, que fluye poderosa pero plácidamente entre las colinas, de donde varias nubes se deslizan lentamente valle abajo, como si fluyeran con el agua del río. Se oyen varias clases de insectos y gecos cantando. A pesar del pobre recibimiento que hemos tenido en Pakbeng, todo esto me hace sentir muy feliz de estar aquí.