Me despierto varias veces durante la noche debido a los movimientos del barco y a la brisa cada vez más fría conforme se acerca el amanecer. La vista sigue siendo maravillosa así que merece la pena.
2.30 de la mañana. La llegada al puerto de Chumphon viene anunciada por el característico olor a pescado podrido y gasoil. El barco atraca y dormimos hasta que un minibús nos viene a buscar a eso de las cinco. Al bajar del barco descubro que una de mis sandalias ha desaparecido durante la noche, probablemente cayendo por la borda, así que tengo que ir descalzo durante el resto del día.
El conductor que nos lleva a Ranong es muy amable y nos invita a pan. Lleva una cinta con cánticos budistas a todo trapo, que sin embargo inducen al descanso. Desgraciadamente con el amanecer el hilo musical cambia al estridente pop tailandés.
La oficina de inmigración de Ranong está muy limpia y tiene un aire muy profesional, comparado con lo que estoy acostumbrado. Todos los policías tienen un montón de medallas – deben de ser todos generales por lo menos. Tras pagar 1500 Baht (€33) por estar tres días más de la cuenta, nos dirigimos al muelle donde cogeremos el barco a Kaw Thaung. La marea está baja y deja al descubierto un manto de basura en putrefacción. Me empiezo a encontrar fatal mientras esperamos. Necesito dormir, ducharme, lavarme los dientes y comer algo de fruta y vegetales. Lo único que hay disponible es un café instantáneo.
Llegamos a Kaw Thaung tras un pintoresco viaje de unos 20 minutos en barco a través del estrecho que separa Tailandia de Myanmar, salpicado de barcos pesqueros y pequeños “long tails” trayendo y llevando a gente a la frontera. Mi primera visión de Myanmar, que a mí me gusta mucho más llamar Birmania, es de sucios edificios de cemento, con una stupa muy bonita coronando el pueblo. Nada más poner un pié en Myanmar nuestros pasaportes son cogidos junto con 5 dólares para ser sellados. Mientras tanto, somos asaltados por un grupo de jóvenes en camisas blancas y pantalones color burdeos que nos ofrecen darnos un paseo de 20 minutos alrededor del pueblo para que podamos comprar cosas mientras se firman y estampan nuestros pasaportes. Les digo que no. Yo sólo quiero comprar un cartón de tabaco para mi amigo Rai.
La segunda ola de gente que se nos acerca son niños de unos 12-15 años, que me rodean. Algunos de ellos parecen simpáticos pero otros ya tienen esa mirada cínica de gente que tiene muy poco y que ve a diario turistas que tienen inmensamente más que ellos. Todos me preguntan porqué ando descalzo. No quiero acabar en un zapatero así que les digo que los dejé en el barco. ¿Viagra, Valium? No los necesito. ¿Whiskey? No, no quiero. ¿Tabaco? ¡Si! Eso quiero. Un cartón de Golden Triangle. Soy llevado a una tienda donde se me ofrece un cartón a 110 Baht, aunque lo consigo a 80 que es lo que realmente cuesta y doy 20 de propina a mis múltiples guías, algunos de los cuales se han vuelto ligeramente hostiles.



