Hace casi un año que comencé mi viaje en solitario por el Sudeste Asiático. El plan era que no había planes, sólo un billete con la vuelta abierta a Bangkok, una cuenta de banco con un saldo muy sano y mucha, muchísima ilusión. Aquellos seis meses que acabó durando el viaje fueron los mejores seis meses de mi vida (por ahora) llenos de experiencias que jamás habría soñado.
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¡Aventuras hasta el final! (día 194)
(Nota: No tengo una entrada en mi diario para este día. Lo que sí que tengo guardado es un email que envié este mismo día. Aquí tenéis un extracto)
Como ya sabéis ha habido un golpe de estado en Tailandia. En Koh Tao no nos enteramos del golpe de estado hasta el día siguiente (ayer) cuando en la televisión no daban otra cosa mas que comunicados de prensa y videos musicales alabando al rey, con subtítulos de karaoke y todo (tremendos, estos Tais).
Después de hablar con varios Tais y de ver BBC News nos enteramos de que el ejercito había aprovechado que el primer ministro se encontraba en EEUU para tomar el poder de forma pacifica. En esos momentos los altos dirigentes del ejercito se encontraban de charlas con el Rey (aquí el Rey tiene mucho mas poder que en Europa y es respetadísimo por el pueblo).
La plebe en general no se encontraba demasiado preocupada: Aparentemente el primer ministro es un hombre muy corrupto y ha habido grandes manifestaciones durante meses pidiendo su dimisión (vi una nada mas llegar aquí). El ejercito se mostraba al lado del rey y dispuesto a reestablecer la democracia una vez elegido un nuevo primer ministro. Por otro lado han suspendido la constitución y disuelto el senado, la cámara de representantes y el parlamento, y declarado la ley marcial, asi que no se no se yo.
En Koh Tao en particular no se notaba nada en absoluto. En algún momento hubo rumores de que iban a cerrar el puerto pero al final no ocurrió nada. Tampoco es sorprendente ya que en Koh Tao el gobierno esta representado por cinco policías de paisano durmiendo a la bartola. No hay ni ayuntamiento, ni oficinas ni nada de nada. Por no haber no hay ni señales de tráfico. Las familias que poseen los hoteles controlan la isla.
Ayer era mi último día en Koh Tao así que cogí el barco a Chumphon y desde ahí un tren nocturno a Bangkok. Esperaba notar algo en Chumphon pero una vez mas la situación era de total normalidad: Gente sonriendo y haciendo sus quehaceres diarios. Ni siquiera se veía más policía de lo normal por la calle.
Intente llamar a la embajada pero estaba comunicando todo el rato. En el barco me encontré con unos de Las Palmas que habían conseguido contactar y les dijeron que no había por que preocuparse, lo único tener la precaución de no salir de los hoteles pasadas las diez de la noche y no acercarse a edificios oficiales.
Hoy al llegar a Bangkok he visto soldados llevando el equipo completo en todas las estaciones y en los principales cruces de carretera, algunas veces con transportes de tropas blindados. La mayoría de ellos parecían relajados y sonrientes y hablando con la gente, mas como guardias de seguridad que otra cosa. Todos ellos llevaban pañuelos amarillos alrededor del cuello o bandas amarillas atadas al cañón de los rifles, demostrando lealtad al Rey (amarillo es el color de la bandera real).
Al llegar a la zona turística he dejado mis mochilas en un sitio y me he sentado a desayunar. En la televisión se veían niños ofreciendo rosas a soldados y ramos de flores atados al frente de transportes blindados. Vamos, propaganda a saco.
Ayer cerraron todos los pasos fronterizos hasta nueva orden (para el enfado de la gente que tiene que salir a renovar el visado o pagar 10 euros por cada día de estancia extra) y había rumores de que habían cerrado los aeropuertos, aunque hoy están saliendo todos los vuelos así que no se si es solo un rumor o no.
En resumen: Si, golpe de estado y tanques en las calles pero no se nota tensión en absoluto. La gente parece completamente complaciente y no afectada en absoluto. Los tanques solamente están alrededor de los edificios oficiales y las tropas controlan las principales carreteras y estaciones alrededor de Bangkok, pero eso es todo. No hay mucho movimiento en el resto del país y no hay resistencia en absoluto. La situación es pacifica.
Y en cualquier caso esta noche estoy en el aeropuerto y mañana en España de tapeo y vinos, así que no hay razón en absoluto para preocuparse… Voy a aprovechar ahora y dar un garbeo por ahí a ver que veo (son las 10.20 AM), con un poco de suerte igual me para la BBC para entrevistarme… Preparare un cartel que ponga “HOLA MAMÁ” por si acaso… ¡Aventuras hasta el final!
Continuará (día 191)
(Nota: No tengo una entrada en mi diario para este día. Lo que sí que tengo guardado es un email que envié este mismo día. Aquí tenéis un extracto)
Siento no haber dado señales de vida, pero he estado bastante liado día y noche. Como dije hace unas semanas el plan era venir a Koh Tao unos días para visitar amistades y bucear un poco antes de volver a España. Al final he acabado trabajando de Divemaster casi dos meses. El trabajo me encanta, he visto muchísimas cosas asombrosas después de 200+ inmersiones y conocido a gente de todas partes del mundo. Trabajar de Divemaster ha sido absolutamente genial.
A parte de trabajar (de hecho un montón ya que casi no he tenido días libres) he pasado el resto del rato viviendo a lo anuncio de Malibú – Muy relajado: Bebiendo con amigos a la fresca del balcón de mi bungalow, viendo puestas de sol en la playa y después DVDs en el portátil de un amigo. Cuando llueve (un montón últimamente ya que el monzón se acerca) es muy relajante escuchar el sonido de la lluvia y el millón de ranas que viven en la jungla. Tener que bucear temprano casi todos los días implica que no he ido a ninguna fiesta gorda desde que estoy aquí – Tampoco lo he echado de menos de todas formas.
Todo esto esta a punto de cambiar, sin embargo: Estoy de vuelta el viernes 22 de septiembre – ¡El Viernes que viene! Las razones son: Me hace falta dinero; seis meses en la carretera empieza a ser suficiente; y el monzón llega en las próximas semanas. Estoy muy triste de dejar Koh Tao. He vivido aquí cuatro meses en total, hecho algunos buenos amigos y vivido montones de aventuras. Es también la primera vez que estoy triste de despedirme de un trabajo. Por otro lado tengo muchas ganas de ver a la familia y los amigos, asentarme por unos meses, organizar las fotos, contar aventurillas y ganar dinero para mi próxima aventura (pronto!).
Así que esto no es el final, es el comienzo.
Cerrando el círculo (día 136)
(Nota: No tengo una entrada en mi diario para este día. Lo que sí que tengo guardado es un email que envié este mismo día. Aquí tenéis un extracto)
Ha sido un largo viaje desde mi último email. Mis viajes me han llevado al delta del Mekong en Vietnam así como a Phnom Penh, Siem Reap y los templos de Angkor en Camboya. Ahora ha llegado el momento de cerrar el círculo y volver a Bangkok, donde el viaje comenzó.
Para mí, lo mejor de Vietnam ha sido el viajar dos días en barco por el delta del Mekong acabando en Phnom Penh, Camboya. Siempre había querido ir al delta del Mekong y la verdad es que es precioso. Me remito a las fotos.
Camboya fue otra grata sorpresa. No sabía que esperar ya que no sabía mucho del país, pero la verdad es que la gente me gustó incluso más que la de Laos. Incluso después de los horrores que la población ha tenido que sobrevivir en los últimos treinta años (guerra civil, genocidios…) casi todo el mundo es amable, sonriente y dispuesto a conocer un poquito de cada extranjero. En Phnom Penh fui a ver el museo del genocidio, situado en un antiguo colegio reconvertido en prisión donde se torturaba y ejecutaba no sólo a disidentes sino a mujeres, niños y ancianos. Muy cruel pero me abrió mucho los ojos. Salí triste pero respetando a la población aun mas.
De Phnom Penh a Siem Reap, un pueblo muy mono pero muy occidental, aunque he de decir que de todos los ghettos de turistas que he visto este es el mas sofisticado, con pequeñas boutiques, bistros y galerías de arte (se nota mucho la influencia colonial francesa). El principal motivo de viajar Siem Reap, sin embargo, es el poder visitar los templos de Angkor, construidos alrededor de los siglos XII-XIV durante el imperio Jémer que se extendía por todo lo que hoy es el Sudeste Asiático. Absolutamente impresionante. Una vez más me remito a las fotografías.
De Siem Reap a Khao San Road en Bangkok, donde todo empezó hace cuatro meses y medio. Estoy usando mis últimos cartuchos de dinero así que no me podré permitir el viajar a ningun otro país, aunque las aventuras aún no han acabado. Voy a coger un autobús esta misma noche a Koh Tao, un sitio al que llamé “hogar” no hace mucho y donde tengo algunos buenos amigos. Una de dos, o bien gastaré el dinero que me queda buceando durante una semana o dos, o bien intentaré encontrar un trabajo buceando y quedarme un mes o dos. Esto depende de las ofertas de trabajo y de cómo me encuentre de
vuelta en Koh Tao… Al fin y al cabo ha llovido mucho desde aquello.
Los túneles de Cu Chi (día 129)
Hoy nos levantamos temprano para ir a visitar los túneles de Cu Chi, en las afueras de Saigón. Mi guía me informa que túneles de Cu Chi fueron construidos por el Viet Cong en la década de los 60 para facilitar el control de una gran área rural, sólo a 30 kilómetros de Saigón. En su momento más álgido, la red de túneles se extendía desde Saigón hasta la frontera con Camboya. Tras un gran número de bajas entre las fuerzas americanas al intentar atacar los túneles se optó por bombardearlos con artillería y aviones, destruyendo gran parte de la red de túneles.
La visita comienza con un paseo en el bosque. Lo primero que vemos es un agujero minúsculo por donde se accede a un habitáculo subterráneo donde dos Viet Congs podían esconderse si se veían rodeados por las fuerzas americanas. Lo más impresionante es el tamaño del agujero. No hay ninguna posibilidad de que yo pudiera caber por él. Me hace pensar acerca de lo pequeños que deberían de ser los combatientes. Quizás niños o adolescentes.
Continuamos visitando un conjunto de trincheras comunicadas por túneles. Al parecer había tres niveles de túneles, a 3, 6 y 10 metros de profundidad. Los túneles de nuevo son minúsculos, de 60 centímetros de altura. Pasamos por diversas cámaras subterráneas que contienen cuarteles, hospitales, dormitorios e incluso escuelas. La vida debió ser muy dura aquí.
Al salir pasamos por un conjunto de trampas usadas por el Viet Cong para herir y matar soldados americanos. Piensa en todas las películas de la guerra de Vietnam que hayas visto. ¿Recuerdas aquellas tramas mortíferas? Pues bien, no son licencias cinematográficas. Casi todas las trampas usan el peso de la víctima para hacer que esta se autoimpale, desde el típico suelo que cede para descubrir un agujero lleno de estacas, hasta pequeños agujeros que al pisarlos empalaban la pierna de la víctima con agujas de metal. Lo más irónico es que todos los elementos punzantes eran construidos fundiendo la metralla de las bombas que caían.
Tras vivir la experiencia de circular por un túnel (ensanchado para turistas), algo nada agradable especialmente para mí que no me gustan los espacios cerrados, procedemos a un campo de tiro. Pagando un módico precio (varios dólares) uno puede probar lo que se siente al disparar un AK-47 y otras armas automáticas de mayor o menor calibre. El ruido es ensordecedor y encuentro todo el tema bastante siniestro.
Finalmente, pasamos a un pequeño salón de actos donde se nos proyecta un vetusto vídeo de los túneles de Cu Chi, lleno de propaganda comunista. La propaganda más chocante es cuando aparece una pequeña niña vietnamita disparando a soldados americanos con una sonrisa en su cara.
De vuelta en Saigón, reservamos un tour de dos días por el delta del Mekong que nos llevará directamente a Phnom Penh, en Camboya. Al salir de la agencia de viajes vemos llegar un autobús repleto de mochileros, de donde sale Kate, con la que estuvimos en Hanoi y Nha Trang. Nos cuenta que ha quedado con Charlene y otra gente que hemos conocido estos días, así que nos juntamos todos para cenar y tomar un par de cervezas. Al acabar, las despedidas finales – Llevamos diferentes rutas y planes, así que no creemos que nos volvamos a ver.
Nota: Debido a un desgraciado accidente con la cámara semanas después, perdí la mayoría de las fotos de esta parte del viaje. ¡Mis disculpas por la falta de visuales!
¡Por fin en Saigón! (día 128)
Llegué a Ciudad Ho Chi Minh desde Nha Trang ayer por la noche. Ciudad Ho Chi Minh, anteriormente conocida como Saigón. Saigón, Saigón, un nombre que suena exótico, distante, misterioso; y sobre todo, a películas de la guerra de Vietnam. ¿A quién se le ocurre cambiarle el nombre? Es como cambiar Birmania por Myanmar. En rebeldía, o simple melancolía, he decidido seguir llamándola Saigón.
Me alojo en lo que casi parece la casa de alguien. Se entra por una estrecha callejuela desde la calle Pham Ngu Lao, que es básicamente el Khaosan road de Saigón, llena de casas de huéspedes, bares, restaurantes, cybercafés, tiendas de souvenirs, tatuajes y todas esas cosas esenciales en la ruta del mochilero. En cualquier caso se ofrece alojamiento barato y está razonablemente cerca de todo, así que ¿qué más se puede pedir?
Hoy voy a dedicar el día a explorar la ciudad. Mi primera parada es en la pagoda del emperador de jade. No es tan espectacular como mi guía la pone, aunque ciertamente distinta e interesante. Al entrar se siente cierto ambiente místico, con cánticos sonando a través de pequeños altavoces y cierta bruma creada por el humo del incienso, en la que se delinean los rayos de luz que entran por unos tragaluces en lo alto. A cada lado, grandes y grotescas estatuas observan a los pocos visitantes. Parece un templo taoista o confucianista. Sin embargo, también se pueden observar pequeñas estatuas de Buda y de Shivá.
Hay tres habitaciones más en la misma planta. Una habitación contiene retratos fotográficos en blanco y negro de personas. Tienen pinta de ser bastante viejos. Cada una se encuentra enfrente de una pequeña tablilla vertical, cubierta en caracteres chinos. Parece como si las tablillas fueran conmemoraciones a los retratados, probablemente fallecidos. De las dos habitaciones restantes, una contiene unos hermosos relieves en una madera oscura, quizás ébano, de lo que parecen escenas de guerra. La otra habitación contiene dos hileras de iconos de madres sentadas con sus hijos. Los iconos están decorados con accesorios de lo más kitsch, como auras de luces de colores intermitentes o marcos igualmente iluminados con luces que parecen moverse a su alrededor.
Tras la pagoda del emperador de jade decido caminar al parque Cong Vien Van Hoa. Por el camino presencio como las ruidosas calles están plagadas por docenas, cientos, miles de motocicletas que circulan a velocidades de vértigo en trayectorias completamente erráticas. Cada vez que el semáforo se pone rojo, las motocicletas se empiezan a acumular frente al semáforo. Cuando se acaba el espacio se empiezan a subir a la acera, amenazando con atropellar a los pobres viandantes. Este espectáculo contrasta grandemente con la paz y tranquilidad del parque, donde la gente hace ejercicio, charla en grupos y practica Tai-Chi.
Acabo la visita a la ciudad visitando el palacio de la independencia, que resulta altamente decepcionante – nada especial que ver, realmente. Finalmente, de camino a la casa de huéspedes, paso por la catedral de Notre Dame. El efecto es el mismo que si sustituyéramos la torre Eiffel o el Big Ben por una estatua de Buda: Chocante.
Llego a casa reventado de la caminata y el calor, así que leo un rato y me echo una siesta. Me despierto completamente desorientado y me cuesta un minuto recordar dónde estoy y qué hora es. Salgo a la calle a leer el correo y me encuentro con que Gerben se encuentra también en la zona, así que quedamos a cenar y a echarnos unas cervezas. Nos lo pasamos bien, es bueno tener compañía. Pensaba ir Camboya mañana pasando por el delta del Mekong, pero Gerben me convence para ir a ver los túneles de Cu Chi mañana.
Nota: Debido a un desgraciado accidente con la cámara semanas después, perdí la mayoría de las fotos de esta parte del viaje. ¡Mis disculpas por la falta de visuales!
Nha Trang (día 125)
Llegamos a Nha Trang en el autobús de las 6.30 de la mañana. Tras la comprensible desorientación debida a estar en una nueva ciudad y al cansancio del viaje, encontramos el área principal de mochileros de la ciudad, donde nos alojamos en el bueno, bonito y barato Sao Mai Hotel. El propietario nos cuenta que ha pasado muchos años sacando fotografías de la vida cotidiana en Vietnam y que ahora ha sido invitado a exponer su trabajo en Finlandia, con todos los gastos pagados. Tras una buena siesta para compensar por el viaje nocturno en autobús, organizo unas inmersiones con Rainbow Divers para mañana. Es uno de los operadores más grandes de Nha Trang. Siempre he buceado en pequeños barcos, así que quiero saber cómo es hacerlo en uno de los grandes.
Paso la tarde en la playa con Charlene. Está nublado y no me apetece mojarme así que me doy un paseo. La playa está repleta de alegres vietnamitas disfrutando de sus vacaciones de verano como lo estarán haciendo ahora los españoles en España. Hay un puñado de altos edificios de apartamentos y varios más están siendo construidos. Me da la impresión de que muy pronto Nha Trang se parecerá demasiado a las extremadamente urbanizadas costas españolas.
Por la noche nos tomamos unas cervezas en Crazy Kim’s, un pub parte de Rainbow Divers. Acabo hablando con dos chicas que están completando sus cursos de DiveMaster. Al parecer tienen que quedarse en el bar hasta las 12 informando a gente que quiera bucear, y se tienen que levantar a las cinco de la mañana… Además de no recibir un salario y pagar por su curso. No me parece un trato muy bueno, la verdad.
Nota: Debido a un desgraciado accidente con la cámara semanas después, perdí la mayoría de las fotos de esta parte del viaje. ¡Mis disculpas por la falta de visuales!
De Hué a Hoi An (día 121)
Nos despertamos temprano para intentar coger un autobús de línea a Hoi An, en vez del autobús turístico que reservamos en Hanói. Desayunamos en Thu’s Place, donde organizamos dos motos que nos lleven a la estación. Tras arreglárnoslas para comprar los billetes con la siempre presente barrera del idioma, dos tipos de lo más maleducado y sospechoso nos acompañan al minibús y nos intentan cobrar 40.000 dong por meter las mochilas en la bodega. Son apenas €2, pero tras las malas maneras nos negamos a pagar lo que de todas formas es un pequeño timo. Tras la negativa los tipos proceden a sacar las mochilas del minibús, aunque al final nos las arreglamos para volverlas a meter.
El minibús se va llenando y cuando no quedan asientos la gente se sienta en banquetas de plástico en el estrecho pasillo. Cuando el espacio en el pasillo se acaba, los últimos pasajeros tienen que ir de pié junto a la puerta. No puedo mover ni un dedo del pié, así que intento concentrarme en mi libro y pasar el viaje con paciencia. Afortunadamente el viaje es corto y estamos en Danang, donde tenemos que hacer transbordo, en menos de dos horas. De nuevo la gente, con muy malas maneras, nos intenta timar de las formas habituales. Es imposible encontrar la ventanilla para comprar los billetes a Hoi An en medio del caos, así que al final acabamos negociando con un conductor de minibús que está dispuesto a llevarnos a Hoi An en los asientos delanteros de su minibús por 30.000 dong (€2,5) cada uno.
De camino a Hoi An, la aventura me hace alegrarme de haber cogido el billete de bus turístico hasta Saigón (o Ho Chi Minh city, como la llaman ahora). No creo que hubiera podido viajar a lo largo de Vietnam teniendo que hacer esto todos los días. También me alegro de viajar junto a Charlene. Esto hubiera sido mucho más difícil hacerlo solo.
Llegamos a Hoi An tras un corto viaje y nos reunimos en el hotel con Becca y Gerben, que también ha acabado allí. Tras comer algo Becca y yo alquilamos unas bicicletas y vamos a una playa cercana. Es una bonita y larga playa de arena, donde multitud de vietnamitas pasan sus vacaciones de verano. Casi no hay extranjeros. Hay varias mujeres vendiendo refrescos y juguetes que incluso se presentan por su nombre para que otras no les quiten los clientes. Becca compra una pelota de tenis para hacer unos cuantos lanzamientos de béisbol y en pocos minutos una pequeña multitud de niños y mayores se arremolina a nuestro lado. Acabamos jugando todos y pasando un buen rato.
Tras cenar nos damos un paseo por el barrio antiguo. Me recuerda mucho a Luang Prabang, con sus edificios de estilo colonial francés y sus tiendas de artesanía tradicional. También hay muchos restaurantes, minúsculos, iluminados por velas. La atmósfera es muy tranquila y decido que es uno de los sitos que más me han gustado de Vietnam hasta ahora.
Nota: Debido a un desgraciado accidente con la cámara semanas después, perdí la mayoría de las fotos de esta parte del viaje. ¡Mis disculpas por la falta de visuales!
Hué (día 120)
Llegamos a Hué a las 7 de la mañana tras el viaje en autobús más tortuoso que jamás he hecho, incluso peor que el de Vientián a Hanói. Hué fue la capital imperial de la dinastía Nguyen desde 1802 a 1945. Como tal, fue un centro de arte y cultura durante este periodo y hoy en día la ciudadela real se ha ganado la distinción de patrimonio mundial de la UNESCO. Así que, tras encontrar un sitio donde desayunar y buscar una habitación de hotel barata, alquilamos una bicicleta y procedemos a explorar la ciudadela.
Circular en bicicleta por el caso del tráfico vietnamita es una experiencia como poco estimulante. Me recuerda a conducir por Italia, donde en cierto modo hay orden dentro del caos. La ciudadela no es lo que yo esperaba. En vez de estar desierta está llena de casas de una sola planta y tiendas. La Ciudad Púrpura Prohibida es grandiosa y la influencia china en el arte es obvia. Nos damos un paseo hasta que alcanzamos una zona destruida por los bombardeos americanos durante la guerra de Vietnam, donde la ciudadela ha sido demolida por completo, abandonada y cubierta en maleza. Aún así, las ruinas dejan entrever que en el pasado este fue un lugar de gran belleza.
De vuelta en el hotel nos echamos una buena siesta ya que estamos agotados del viaje en autobús. Tras la siesta recibimos la buena noticia de que Becca, que separó de nosotros en Hanói, estará mañana en Hoi An, nuestro próximo destino. La mala noticia es que no hay billetes de autobús a Hoi An mañana, así que intentaremos coger el autobús de línea. Al anochecer cenamos y nos tomamos unas cervezas en Thu’s place, un pequeño bar con los muros cubiertos en pintadas de los clientes que han pasado por aquí anteriormente. También hay muchos pósteres dibujados a mano por las personas que han viajado en los tours en motocicleta que se organizan desde el mismo bar.
Pronto a la cama tras descubrir que Italia ha ganado el mundial de fútbol.
Nota: Debido a un desgraciado accidente con la cámara semanas después, perdí la mayoría de las fotos de esta parte del viaje. ¡Mis disculpas por la falta de visuales!
La bahía de Halong y Cat Ba (día 117)
Ayer acabamos durmiendo a la intemperie en la cubierta superior del barco, en aguas tranquilas y rodeado por colinas que despuntan del agua. Me despierto con el amanecer y aprovecho para sacar fotos mientras Becca y los coreanos, que también han dormido fuera, duermen. Cuando Becca se despierta saltamos al agua por la borda y nos damos un baño entre los pináculos.
Tras desayunar el barco zarpa hacia Cat Ba, la isla principal de la bahía de Halong. Al llegar a Cat Ba me siento, extrañamente, como si estuviera en Salou en los 80. Es difícil de describir, pero la atmósfera es muy similar, especialmente porque es temporada de vacaciones para los vietnamitas. Dejamos nuestras mochilas en el hotel y nos vamos a hacer una excursión guiada por las selvas de la isla.
La “excursión” resulta ser una aventura en toda regla. Nuestro guía, una chica de 22 años que apenas habla inglés y sin duda acostumbrada a estas caminatas, sube las colinas casi corriendo. En consecuencia todos los demás, turistas regordetes y sudorosos, intentamos seguirla jadeantes y tenemos que hacer paradas para descansar cada cinco minutos. Intentamos explicarle al guía que necesitamos ir más despacio pero primero hay que explicarle lo que “slow” significa en inglés. Pasamos lo que parece una eternidad caminando por caminos cubiertos por una densa vegetación, con un calor infernal y húmedo y con arañas enormes cada dos pasos. Todos encontramos el camino bastante difícil, especialmente las personas más mayores que, no habiendo sido avisadas de la dificultad de la excursión, van andando en chancletas. Afortunadamente, tras hora y media salimos a un claro donde hay una hermosa vista de la bahía de Halong y de ahí ya es todo cuesta abajo hasta una fuente natural de agua helada donde nos refrescamos.
Tras devorar la comida en el hotel, le decimos al organizador del tour que no queremos ir a la playa ni hacer kakaying. En vez de eso decidimos explorar el pueblo por nuestra cuenta. Hay un mercado callejero donde se vende comida y donde la gente parece mucho más simpática que en Hanói. Hay muchos niños pequeños que vienen a decir “hola” en inglés. Rujo como un monstruo, alzo los brazos, les persigo unos metros y les encanta.
Cena en el hotel, correo en un cybercafé y a la cama pronto, tras ver “Hellboy” en nuestra habitación con aire acondicionado.

























