Cerrando el círculo (día 136)

(Nota: No tengo una entrada en mi diario para este día. Lo que sí que tengo guardado es un email que envié este mismo día. Aquí tenéis un extracto)

Ha sido un largo viaje desde mi último email. Mis viajes me han llevado al delta del Mekong en Vietnam así como a Phnom Penh, Siem Reap y los templos de Angkor en Camboya. Ahora ha llegado el momento de cerrar el círculo y volver a Bangkok, donde el viaje comenzó.

Para mí, lo mejor de Vietnam ha sido el viajar dos días en barco por el delta del Mekong acabando en Phnom Penh, Camboya. Siempre había querido ir al delta del Mekong y la verdad es que es precioso. Me remito a las fotos.

Delta del MekongDelta del MekongDelta del Mekong

Museo del genocidio Tuol SengCamboya fue otra grata sorpresa. No sabía que esperar ya que no sabía mucho del país, pero la verdad es que la gente me gustó incluso más que la de Laos. Incluso después de los horrores que la población ha tenido que sobrevivir en los últimos treinta años (guerra civil, genocidios…) casi todo el mundo es amable, sonriente y dispuesto a conocer un poquito de cada extranjero. En Phnom Penh fui a ver el museo del genocidio, situado en un antiguo colegio reconvertido en prisión donde se torturaba y ejecutaba no sólo a disidentes sino a mujeres, niños y ancianos. Muy cruel pero me abrió mucho los ojos. Salí triste pero respetando a la población aun mas.

De Phnom Penh a Siem Reap, un pueblo muy mono pero muy occidental, aunque he de decir que de todos los ghettos de turistas que he visto este es el mas sofisticado, con pequeñas boutiques, bistros y galerías de arte (se nota mucho la influencia colonial francesa). El principal motivo de viajar Siem Reap, sin embargo, es el poder visitar los templos de Angkor, construidos alrededor de los siglos XII-XIV durante el imperio Jémer que se extendía por todo lo que hoy es el Sudeste Asiático. Absolutamente impresionante. Una vez más me remito a las fotografías.

Templos de AngkorTemplos de AngkorTemplos de Angkor

De Siem Reap a Khao San Road en Bangkok, donde todo empezó hace cuatro meses y medio. Estoy usando mis últimos cartuchos de dinero así que no me podré permitir el viajar a ningun otro país, aunque las aventuras aún no han acabado. Voy a coger un autobús esta misma noche a Koh Tao, un sitio al que llamé “hogar” no hace mucho y donde tengo algunos buenos amigos. Una de dos, o bien gastaré el dinero que me queda buceando durante una semana o dos, o bien intentaré encontrar un trabajo buceando y quedarme un mes o dos. Esto depende de las ofertas de trabajo y de cómo me encuentre de
vuelta en Koh Tao… Al fin y al cabo ha llovido mucho desde aquello.

Los túneles de Cu Chi (día 129)

Hoy nos levantamos temprano para ir a visitar los túneles de Cu Chi, en las afueras de Saigón. Mi guía me informa que túneles de Cu Chi fueron construidos por el Viet Cong en la década de los 60 para facilitar el control de una gran área rural, sólo a 30 kilómetros de Saigón. En su momento más álgido, la red de túneles se extendía desde Saigón hasta la frontera con Camboya. Tras un gran número de bajas entre las fuerzas americanas al intentar atacar los túneles se optó por bombardearlos con artillería y aviones, destruyendo gran parte de la red de túneles.

La visita comienza con un paseo en el bosque. Lo primero que vemos es un agujero minúsculo por donde se accede a un habitáculo subterráneo donde dos Viet Congs podían esconderse si se veían rodeados por las fuerzas americanas. Lo más impresionante es el tamaño del agujero. No hay ninguna posibilidad de que yo pudiera caber por él. Me hace pensar acerca de lo pequeños que deberían de ser los combatientes. Quizás niños o adolescentes.

Continuamos visitando un conjunto de trincheras comunicadas por túneles. Al parecer había tres niveles de túneles, a 3, 6 y 10 metros de profundidad. Los túneles de nuevo son minúsculos, de 60 centímetros de altura. Pasamos por diversas cámaras subterráneas que contienen cuarteles, hospitales, dormitorios e incluso escuelas. La vida debió ser muy dura aquí.

Al salir pasamos por un conjunto de trampas usadas por el Viet Cong para herir y matar soldados americanos. Piensa en todas las películas de la guerra de Vietnam que hayas visto. ¿Recuerdas aquellas tramas mortíferas? Pues bien, no son licencias cinematográficas. Casi todas las trampas usan el peso de la víctima para hacer que esta se autoimpale, desde el típico suelo que cede para descubrir un agujero lleno de estacas, hasta pequeños agujeros que al pisarlos empalaban la pierna de la víctima con agujas de metal. Lo más irónico es que todos los elementos punzantes eran construidos fundiendo la metralla de las bombas que caían.

Tras vivir la experiencia de circular por un túnel (ensanchado para turistas), algo nada agradable especialmente para mí que no me gustan los espacios cerrados, procedemos a un campo de tiro. Pagando un módico precio (varios dólares) uno puede probar lo que se siente al disparar un AK-47 y otras armas automáticas de mayor o menor calibre. El ruido es ensordecedor y encuentro todo el tema bastante siniestro.

Finalmente, pasamos a un pequeño salón de actos donde se nos proyecta un vetusto vídeo de los túneles de Cu Chi, lleno de propaganda comunista. La propaganda más chocante es cuando aparece una pequeña niña vietnamita disparando a soldados americanos con una sonrisa en su cara.

De vuelta en Saigón, reservamos un tour de dos días por el delta del Mekong que nos llevará directamente a Phnom Penh, en Camboya. Al salir de la agencia de viajes vemos llegar un autobús repleto de mochileros, de donde sale Kate, con la que estuvimos en Hanoi y Nha Trang. Nos cuenta que ha quedado con Charlene y otra gente que hemos conocido estos días, así que nos juntamos todos para cenar y tomar un par de cervezas. Al acabar, las despedidas finales – Llevamos diferentes rutas y planes, así que no creemos que nos volvamos a ver.

Nota: Debido a un desgraciado accidente con la cámara semanas después, perdí la mayoría de las fotos de esta parte del viaje. ¡Mis disculpas por la falta de visuales!

¡Por fin en Saigón! (día 128)

Llegué a Ciudad Ho Chi Minh desde Nha Trang ayer por la noche. Ciudad Ho Chi Minh, anteriormente conocida como Saigón. Saigón, Saigón, un nombre que suena exótico, distante, misterioso; y sobre todo, a películas de la guerra de Vietnam. ¿A quién se le ocurre cambiarle el nombre? Es como cambiar Birmania por Myanmar. En rebeldía, o simple melancolía, he decidido seguir llamándola Saigón.

Me alojo en lo que casi parece la casa de alguien. Se entra por una estrecha callejuela desde la calle Pham Ngu Lao, que es básicamente el Khaosan road de Saigón, llena de casas de huéspedes, bares, restaurantes, cybercafés, tiendas de souvenirs, tatuajes y todas esas cosas esenciales en la ruta del mochilero. En cualquier caso se ofrece alojamiento barato y está razonablemente cerca de todo, así que ¿qué más se puede pedir?

Hoy voy a dedicar el día a explorar la ciudad. Mi primera parada es en la pagoda del emperador de jade. No es tan espectacular como mi guía la pone, aunque ciertamente distinta e interesante. Al entrar se siente cierto ambiente místico, con cánticos sonando a través de pequeños altavoces y cierta bruma creada por el humo del incienso, en la que se delinean los rayos de luz que entran por unos tragaluces en lo alto. A cada lado, grandes y grotescas estatuas observan a los pocos visitantes. Parece un templo taoista o confucianista. Sin embargo, también se pueden observar pequeñas estatuas de Buda y de Shivá.

Hay tres habitaciones más en la misma planta. Una habitación contiene retratos fotográficos en blanco y negro de personas. Tienen pinta de ser bastante viejos. Cada una se encuentra enfrente de una pequeña tablilla vertical, cubierta en caracteres chinos. Parece como si las tablillas fueran conmemoraciones a los retratados, probablemente fallecidos. De las dos habitaciones restantes, una contiene unos hermosos relieves en una madera oscura, quizás ébano, de lo que parecen escenas de guerra. La otra habitación contiene dos hileras de iconos de madres sentadas con sus hijos. Los iconos están decorados con accesorios de lo más kitsch, como auras de luces de colores intermitentes o marcos igualmente iluminados con luces que parecen moverse a su alrededor.

Tras la pagoda del emperador de jade decido caminar al parque Cong Vien Van Hoa. Por el camino presencio como las ruidosas calles están plagadas por docenas, cientos, miles de motocicletas que circulan a velocidades de vértigo en trayectorias completamente erráticas. Cada vez que el semáforo se pone rojo, las motocicletas se empiezan a acumular frente al semáforo. Cuando se acaba el espacio se empiezan a subir a la acera, amenazando con atropellar a los pobres viandantes. Este espectáculo contrasta grandemente con la paz y tranquilidad del parque, donde la gente hace ejercicio, charla en grupos y practica Tai-Chi.

Acabo la visita a la ciudad visitando el palacio de la independencia, que resulta altamente decepcionante – nada especial que ver, realmente. Finalmente, de camino a la casa de huéspedes, paso por la catedral de Notre Dame. El efecto es el mismo que si sustituyéramos la torre Eiffel o el Big Ben por una estatua de Buda: Chocante.

Llego a casa reventado de la caminata y el calor, así que leo un rato y me echo una siesta. Me despierto completamente desorientado y me cuesta un minuto recordar dónde estoy y qué hora es. Salgo a la calle a leer el correo y me encuentro con que Gerben se encuentra también en la zona, así que quedamos a cenar y a echarnos unas cervezas. Nos lo pasamos bien, es bueno tener compañía. Pensaba ir Camboya mañana pasando por el delta del Mekong, pero Gerben me convence para ir a ver los túneles de Cu Chi mañana.

Nota: Debido a un desgraciado accidente con la cámara semanas después, perdí la mayoría de las fotos de esta parte del viaje. ¡Mis disculpas por la falta de visuales!

Nha Trang (día 125)

Llegamos a Nha Trang en el autobús de las 6.30 de la mañana. Tras la comprensible desorientación debida a estar en una nueva ciudad y al cansancio del viaje, encontramos el área principal de mochileros de la ciudad, donde nos alojamos en el bueno, bonito y barato Sao Mai Hotel. El propietario nos cuenta que ha pasado muchos años sacando fotografías de la vida cotidiana en Vietnam y que ahora ha sido invitado a exponer su trabajo en Finlandia, con todos los gastos pagados. Tras una buena siesta para compensar por el viaje nocturno en autobús, organizo unas inmersiones con Rainbow Divers para mañana. Es uno de los operadores más grandes de Nha Trang. Siempre he buceado en pequeños barcos, así que quiero saber cómo es hacerlo en uno de los grandes.

Paso la tarde en la playa con Charlene. Está nublado y no me apetece mojarme así que me doy un paseo. La playa está repleta de alegres vietnamitas disfrutando de sus vacaciones de verano como lo estarán haciendo ahora los españoles en España. Hay un puñado de altos edificios de apartamentos y varios más están siendo construidos. Me da la impresión de que muy pronto Nha Trang se parecerá demasiado a las extremadamente urbanizadas costas españolas.

Por la noche nos tomamos unas cervezas en Crazy Kim’s, un pub parte de Rainbow Divers. Acabo hablando con dos chicas que están completando sus cursos de DiveMaster. Al parecer tienen que quedarse en el bar hasta las 12 informando a gente que quiera bucear, y se tienen que levantar a las cinco de la mañana… Además de no recibir un salario y pagar por su curso. No me parece un trato muy bueno, la verdad.

Nota: Debido a un desgraciado accidente con la cámara semanas después, perdí la mayoría de las fotos de esta parte del viaje. ¡Mis disculpas por la falta de visuales!

De Hué a Hoi An (día 121)

Nos despertamos temprano para intentar coger un autobús de línea a Hoi An, en vez del autobús turístico que reservamos en Hanói. Desayunamos en Thu’s Place, donde organizamos dos motos que nos lleven a la estación. Tras arreglárnoslas para comprar los billetes con la siempre presente barrera del idioma, dos tipos de lo más maleducado y sospechoso nos acompañan al minibús y nos intentan cobrar 40.000 dong por meter las mochilas en la bodega. Son apenas €2, pero tras las malas maneras nos negamos a pagar lo que de todas formas es un pequeño timo. Tras la negativa los tipos proceden a sacar las mochilas del minibús, aunque al final nos las arreglamos para volverlas a meter.

El minibús se va llenando y cuando no quedan asientos la gente se sienta en banquetas de plástico en el estrecho pasillo. Cuando el espacio en el pasillo se acaba, los últimos pasajeros tienen que ir de pié junto a la puerta. No puedo mover ni un dedo del pié, así que intento concentrarme en mi libro y pasar el viaje con paciencia. Afortunadamente el viaje es corto y estamos en Danang, donde tenemos que hacer transbordo, en menos de dos horas. De nuevo la gente, con muy malas maneras, nos intenta timar de las formas habituales. Es imposible encontrar la ventanilla para comprar los billetes a Hoi An en medio del caos, así que al final acabamos negociando con un conductor de minibús que está dispuesto a llevarnos a Hoi An en los asientos delanteros de su minibús por 30.000 dong (€2,5) cada uno.

De camino a Hoi An, la aventura me hace alegrarme de haber cogido el billete de bus turístico hasta Saigón (o Ho Chi Minh city, como la llaman ahora). No creo que hubiera podido viajar a lo largo de Vietnam teniendo que hacer esto todos los días. También me alegro de viajar junto a Charlene. Esto hubiera sido mucho más difícil hacerlo solo.

Hoi AnHoi AnPlaya de Hoi An

Llegamos a Hoi An tras un corto viaje y nos reunimos en el hotel con Becca y Gerben, que también ha acabado allí. Tras comer algo Becca y yo alquilamos unas bicicletas y vamos a una playa cercana. Es una bonita y larga playa de arena, donde multitud de vietnamitas pasan sus vacaciones de verano. Casi no hay extranjeros. Hay varias mujeres vendiendo refrescos y juguetes que incluso se presentan por su nombre para que otras no les quiten los clientes. Becca compra una pelota de tenis para hacer unos cuantos lanzamientos de béisbol y en pocos minutos una pequeña multitud de niños y mayores se arremolina a nuestro lado. Acabamos jugando todos y pasando un buen rato.

Tras cenar nos damos un paseo por el barrio antiguo. Me recuerda mucho a Luang Prabang, con sus edificios de estilo colonial francés y sus tiendas de artesanía tradicional. También hay muchos restaurantes, minúsculos, iluminados por velas. La atmósfera es muy tranquila y decido que es uno de los sitos que más me han gustado de Vietnam hasta ahora.

Nota: Debido a un desgraciado accidente con la cámara semanas después, perdí la mayoría de las fotos de esta parte del viaje. ¡Mis disculpas por la falta de visuales!

Hué (día 120)

Llegamos a Hué a las 7 de la mañana tras el viaje en autobús más tortuoso que jamás he hecho, incluso peor que el de Vientián a Hanói. Hué fue la capital imperial de la dinastía Nguyen desde 1802 a 1945. Como tal, fue un centro de arte y cultura durante este periodo y hoy en día la ciudadela real se ha ganado la distinción de patrimonio mundial de la UNESCO. Así que, tras encontrar un sitio donde desayunar y buscar una habitación de hotel barata, alquilamos una bicicleta y procedemos a explorar la ciudadela.

Entrada a la ciudad púrpura prohibida, huéCircular en bicicleta por el caso del tráfico vietnamita es una experiencia como poco estimulante. Me recuerda a conducir por Italia, donde en cierto modo hay orden dentro del caos. La ciudadela no es lo que yo esperaba. En vez de estar desierta está llena de casas de una sola planta y tiendas. La Ciudad Púrpura Prohibida es grandiosa y la influencia china en el arte es obvia. Nos damos un paseo hasta que alcanzamos una zona destruida por los bombardeos americanos durante la guerra de Vietnam, donde la ciudadela ha sido demolida por completo, abandonada y cubierta en maleza. Aún así, las ruinas dejan entrever que en el pasado este fue un lugar de gran belleza.

De vuelta en el hotel nos echamos una buena siesta ya que estamos agotados del viaje en autobús. Tras la siesta recibimos la buena noticia de que Becca, que separó de nosotros en Hanói, estará mañana en Hoi An, nuestro próximo destino. La mala noticia es que no hay billetes de autobús a Hoi An mañana, así que intentaremos coger el autobús de línea. Al anochecer cenamos y nos tomamos unas cervezas en Thu’s place, un pequeño bar con los muros cubiertos en pintadas de los clientes que han pasado por aquí anteriormente. También hay muchos pósteres dibujados a mano por las personas que han viajado en los tours en motocicleta que se organizan desde el mismo bar.

Pronto a la cama tras descubrir que Italia ha ganado el mundial de fútbol.

Nota: Debido a un desgraciado accidente con la cámara semanas después, perdí la mayoría de las fotos de esta parte del viaje. ¡Mis disculpas por la falta de visuales!

La bahía de Halong y Cat Ba (día 117)

Ayer acabamos durmiendo a la intemperie en la cubierta superior del barco, en aguas tranquilas y rodeado por colinas que despuntan del agua. Me despierto con el amanecer y aprovecho para sacar fotos mientras Becca y los coreanos, que también han dormido fuera, duermen. Cuando Becca se despierta saltamos al agua por la borda y nos damos un baño entre los pináculos.

Amanecer en la bahía de HalongAmanecer en la bahía de HalongAmanecer en la bahía de Halong

Tras desayunar el barco zarpa hacia Cat Ba, la isla principal de la bahía de Halong. Al llegar a Cat Ba me siento, extrañamente, como si estuviera en Salou en los 80. Es difícil de describir, pero la atmósfera es muy similar, especialmente porque es temporada de vacaciones para los vietnamitas. Dejamos nuestras mochilas en el hotel y nos vamos a hacer una excursión guiada por las selvas de la isla.

La “excursión” resulta ser una aventura en toda regla. Nuestro guía, una chica de 22 años que apenas habla inglés y sin duda acostumbrada a estas caminatas, sube las colinas casi corriendo. En consecuencia todos los demás, turistas regordetes y sudorosos, intentamos seguirla jadeantes y tenemos que hacer paradas para descansar cada cinco minutos. Intentamos explicarle al guía que necesitamos ir más despacio pero primero hay que explicarle lo que “slow” significa en inglés. Pasamos lo que parece una eternidad caminando por caminos cubiertos por una densa vegetación, con un calor infernal y húmedo y con arañas enormes cada dos pasos. Todos encontramos el camino bastante difícil, especialmente las personas más mayores que, no habiendo sido avisadas de la dificultad de la excursión, van andando en chancletas. Afortunadamente, tras hora y media salimos a un claro donde hay una hermosa vista de la bahía de Halong y de ahí ya es todo cuesta abajo hasta una fuente natural de agua helada donde nos refrescamos.

Excursión en Cat BaExcursión en Cat BaExcursión en Cat Ba

Tras devorar la comida en el hotel, le decimos al organizador del tour que no queremos ir a la playa ni hacer kakaying. En vez de eso decidimos explorar el pueblo por nuestra cuenta. Hay un mercado callejero donde se vende comida y donde la gente parece mucho más simpática que en Hanói. Hay muchos niños pequeños que vienen a decir “hola” en inglés. Rujo como un monstruo, alzo los brazos, les persigo unos metros y les encanta.

Cat BaCat BaCat Ba

Cena en el hotel, correo en un cybercafé y a la cama pronto, tras ver “Hellboy” en nuestra habitación con aire acondicionado.

De Hanói a la bahía de Halong (día 116)

Bahía de HalongHoy comenzamos nuestro tour de tres días alrededor de la bahía de Halong, que por su belleza se ha ganado el título de patrimonio de la humanidad de la UNESCO. La belleza de la bahía de Halong viene dada por las más de 3000 islas de roca caliza, cubiertas de vegetación, que se alzan majestuosas en un plácido mar color esmeralda. Mi guía Lonely Planet me informa de que Ha Long significa “donde el dragón desciende al mar”: La leyenda cuenta que las islas de la bahía de Halong fueron formadas por un gran dragón que al sumergirse en el mar, creó las pequeñas islas con el aleteo de su cola.

Una furgoneta nos recoge en el hotel a las 7.30. Los dueños del hotel no están nada contentos de que no contratáramos el tour a la bahía de Halong con ellos. La furgoneta circula con la primera luz del día por el distrito de Hoan Kiem, recogiendo a otros viajeros. Sorprendentemente el conductor no conduce como un auténtico maníaco, por primera vez desde que llegamos a Vietnam. Dejamos nuestro equipaje en la agencia de viaje antes de comenzar nuestro viaje. Todo parece a pequeña escala y exclusivo, hasta que tras media hora de viaje paramos en una tienda de artesanía vietnamita (claramente orientada a turistas) junto con cientos de otros viajeros que también se dirigen a la bahía de Halong en furgonetas similares a la nuestra. Tras tres horas de conducción llegamos a Halong City, donde nos volvemos a encontrar con la misma multitud, esta vez embarcándose en docenas de barcos de madera que comienzan sus cruceros a la bahía de Halong. Todo sea dicho, los barcos son preciosos.

Bahía de HalongBahía de HalongBahía de Halong

Comemos en el barco, de rumbo a la bahía. La comida es exquisita. Compartimos mesa con una pareja de coreanos mayores, muy simpáticos. Tras un rato navegando llegamos a una isla donde nos unimos de nuevo con las multitudes para visitar unas cuevas. La primera es una impresionante cámara subterránea de altos techos, iluminada por focos de colores. Tras las cuevas, navegamos media hora más hasta la isla de Cat Ba para recoger a unos cuantos viajeros más. Navegamos lentamente entre las islas, que proporcionan un paisaje extremadamente bello y sobrecogedor.

Cueva el la bahía de HalongCueva el la bahía de HalongCueva el la bahía de Halong

Atracamos en una playa, donde se nos proporciona un par de kayaks de dos plazas, así que decidimos remar a uno de los islotes cercanos. Al llegar subimos al islote, lo que acaba siendo toda una misión ya que no llevamos sandalias y la roca caliza está llena de afiladas muescas creadas por la erosión del agua. Tras la aventura del islote echamos una carrera contra el otro kayak, y tras perder de manera estrepitosa nos bañamos en la playa, contemplando el anochecer. Absolutamente perfecto.

Kayaking en la bahía de HalongKayaking en la bahía de HalongNoche en la bahía de Halong

Zarpamos al caer la noche. Tras cenar nos dirigimos a la cubierta superior del barco, sin techo, donde bebemos cerveza, hablamos, vemos las estrellas y la luna. Uno a uno el grupo de amigos se va disolviendo y Becca, una chica americana, y yo acabamos durmiendo a la intemperie, con el suave sonido de las olas en el casco y mirando las estrellas.

Hanói – Las marionetas de agua (día 115)

Hoy es nuestro último día en Hanói ya que mañana vamos a la bahía de Halong, patrimonio de la humanidad de la UNESCO, así que aprovecho para descansar, escribir en el diario, mandar postales y esas cosas. Al anochecer vamos al teatro de las marionetas de agua (57B Dinh Tien Hoang, frente al lago). Intentamos ir ayer pero ya se habían acabado todas las entradas, así que es recomendable comprarlas con tiempo.

Las marionetas de agua es un espectáculo muy típico de Vietnam. Es un show de marionetas donde el escenario es una piscina poco profunda. Los titiriteros se encuentran justo detrás de la piscina, tras una cortina de bambú, y controlan las marionetas mediante varas sumergidas bajo el agua. De este modo, parece como si las marionetas danzan sobre el agua.

Marionetas de agua en HanóiMarionetas de agua en HanóiMarionetas de agua en Hanói

Las luces se apagan y la música comienza. Se trata de música tradicional, muy hermosa, cantada por tres mujeres y acompañada por tambores, timbales, una especie de banjo y algo que sólo puedo describir como un “violín chino”. Imaginaros los violines que suenan en las películas de chinos – A eso me refiero. El primer acto comienza con dos dragones serpenteando sobre el agua y rociando agua y fuego por la boca. Tras los dragones, una serie de historias cortas de carácter rural comienzan:

Marionetas de agua en HanóiMarionetas de agua en Hanói

  • Aparecen una mujer, un hombre y unos patos; un gato salvaje aparece y mata a los patos; el hombre, enfadado, mata al gato.
  • Un pescador pesca un pez enorme, tan grande que lo tira al agua. El pescador lucha contra el pez y acaba ganando.
  • Unos búfalos de agua y arrozales aparecen. La verdad es que no ocurre mucho más.
  • Otro pescador se asusta con una serpiente que lo persigue por el agua.
  • Una procesión aparece formada por media docena de marionetas. Parece un funeral.
  • Dos pájaros aparecen y realizan una serie de vuelos nupciales, tras lo que aparece un huevo. Naturalmente, del huevo sale un pollito.
  • Como acto final, una docena de marionetas realiza una especie de danza que acaba con muchos fuegos artificiales.

Marionetas de agua en HanóiMarionetas de agua en Hanói

La música, que induce al trance; la iluminación; lo simple de las historias y el movimiento de las marionetas hace del espectáculo algo mágico y muy especial. Salimos encantados, de muy buen ánimo, y de hecho se lo recomiendo a todo el mundo al que veo en nuestra última sesión de Bia Hoi en Hanói.

Hanoi – Ho Chi Minh, Lenin y Bia Hoi (día 114)

Tras despertarme, desayuno; miro el correo y actualizo el diario en el hotel. Mientras estoy haciendo todo esto levanto la cabeza y me encuentro de frente con Lee, el chaval de Portsmouth con el que buceé en Koh Phi Phi, hace lo que parece siglos atrás. Tras saludarnos efusivamente acordamos quedar más tarde para beber Bia Hoi. El mundo es un pañuelo, especialmente en la ruta mochilera.

Mausoleo de Ho Chi MinhMausoleo de Ho Chi MinhMausoleo de Ho Chi Minh

Parque LeninDespués visitamos el mausoleo de Ho Chi Minh, que no es ni más ni menos que el camarada vietnamita de Lenin y Trotski, fundador del Partido Comunista de Indochina y creador de la República Democrática de Vietnam y del Viet Cong. A su muerte en 1969 se le construyó un gran mausoleo y en 1975 Saigón fue renombrada en su honor, cosa que me parece fatal ya que Saigón suena mucho mejor y más exótico. En cualquier caso, al llegar al mausoleo nos encontramos con que está cerrado al público los lunes y los viernes, aunque desde luego su aspecto desde el exterior es bastante imponente, tal y como se tercia en un mausoleo de semejante personalidad comunista.

Hace un calor infernal así que cogemos un taxi al parque Lenin por por 30.000 dong (€1,30, no está mal). Disfrutamos de un paseo bajo la sombra de los árboles aunque he de decir que el parque parece carente de espíritu y desatendido, así que decidimos volver al hotel. Allí decido que estoy harto de llevar a cuestas cantidad de cosas que no necesito así que decido mandar a España la mitad de los contenidos de mi mochila, algo que en el futuro demostrará haber merecido la pena, a pesar de la epopeya burocrática (dos horas haciendo señales y rellenando papeles) y el gasto ($75). Lo único que me molesta es que tras haber ido a correos a comprar una caja de cartón usada a precio de oro, la misma vendedora me informa al intentar mandar la caja que tengo que sacar todos los contenidos y ponerlos en paquetes pequeños después de ser inspeccionados. ¡Un timo de nuevo!

Bia Hoi en el cruce de Ta Hien con Luong Ngoc Quyen, HanoiBia Hoi en el cruce de Ta Hien con Luong Ngoc Quyen, HanoiBia Hoi en el cruce de Ta Hien con Luong Ngoc Quyen, Hanoi

Afortunadamente mis ánimos se calman cuando al fin encontramos un sitio donde venden Bia Hoi barata. Es un minúsculo local con minúsculas banquetas y mesas en el cruce de Ta Hien con Luong Ngoc Quyen. El vaso de cerveza casera cuesta 2000 dong (¡€0,08!) así que nos sentamos en la calle, en las minúsculas banquetas, y nos dejamos llevar por los encantos de Bia Hoi; hablando con los locales, conociendo a unos cuantos viajeros y en general pasando uno de los mejores momentos desde que llegamos a Hanoi. La felicidad siempre se encuentra en lo sencillo.