El pueblo esta junto a la playa, dividido en dos partes por un pequeño promontorio. Al este se encuentran las casas y las lanchas de los pescadores; al Oeste hay unos cuantos bugalows y tres restaurantes que acomodan a los pocos turistas que vienen a hacer lo único que se puede hacer aquí: surfing.Las olas rompen en arena y casi siempre cerca de un mismo punto, la colina rocosa que pone fin a la playa. Las olas pueden alcanzar tres metros de altura pero por norma general son de medio metro a dos metros de altura. Las buenas condiciones y la ausencia de multitudes entre semana hacen este pueblecito un lugar ideal para aprender a hacer surf, aunque la playa también es frecuentada por surferos mas experimentados.



Fue con esta intención y muchas ganas que llegamos aquí. Tras llegar por la tarde y encontrar una habitación con porche y jardín junto a la playa, fuimos a cenar a uno de los restaurantes. Allí conocimos a varios extranjeros, todos muy majetes y apasionados con el surf. De vuelta a la habitación nos choco mucho que a las diez de la noche no había absolutamente nadie por la calle. Y es que, como aprendimos, en el mundo del surf a quien madruga Dios le ayuda. Casi todo el mundo se levanta a eso de las 6 a coger las primeras olas del día, antes de que las multitudes aparezcan, aunque entre semana casi no hay gente.



Al día siguiente tuvimos nuestra primera y única lección Pagamos 150.000 rupias cada uno para que Uzni, una celebridad local, nos explicara en dos minutos la técnica básica Después de eso estuvimos una hora practicando en el agua, ayudados por dos tipos muy amables pero que no hablaban ingles. Es difícil saber que estas haciendo mal y como corregirlo si no te lo pueden explicar! Aun así estuvo bien y pudimos coger varias olas (sin ponernos de pie) pero nos pareció un precio excesivo para lo que aprendimos, así que decidimos alquilar dos tablas varios días e intentar aprender por nuestra cuenta.


Una semana después, tras tragar mucha agua, tener olas aterrizando en nuestra cabeza, pegándonos revoltones y acabar el día como si nos hubieran metido una paliza, hemos aprendido muchísimo Esto es en gran parte gracias a la tremenda ayuda y ánimos de los demás surferos que nos han ido viendo, aconsejándonos y riéndose de nosotros. Cogemos olas sin dificultad, nos ponemos de pie en la mayoría y bastantes veces conseguimos que nos lleven hasta el final de la playa. Es una sensación muy estimulante, tras todo el esfuerzo, el sentir la aceleración de la ola, su rugido en la espalda mientras uno se pone de pie, gana equilibrio y ve, a vista de gaviota, como la playa se va aproximando rápidamente No hay un día que no volvamos a la habitación con una sonrisa.


El contacto con la naturaleza es total. El agua fría que lo despeja a uno por las mañanas; la puesta de sol flotando en la tabla; el poderoso rugir de las olas; el sabor de agua salada en la boca. Hace un par de días tuve el que es probablemente el momento mas bonito de este viaje, hasta la fecha: Un amigo italiano y yo nos quedamos cogiendo olas pequeñas hasta bien pasada la puesta de sol. Con la noche vino la luna llena, que nos permitía ver las olas aproximarse en la oscuridad y seguir haciendo surf. No solo esto, sino que ademas había plancton fosforescente en el agua, dejando una estela de luz tenue tras nuestras piernas y brazos y salpicando la tabla con chispas verdes al coger las olas. El toque final vino con la ultima ola, que me las arregle para que me llevara hasta el final de la playa justo hasta tierra firme. Un momento para recordar durante muchos anyos.



A pesar de todo lo que hemos aprendido y lo que hemos disfrutado, aun queda muchísimo por aprender. No solo acerca de la técnica del surf (esta semana ha sido el primer paso en un larguísimo camino), sino también acerca del mar y las olas: como se comporta; en que humor se levanta cada día.. Es algo que solo se puede aprender practicando… Y ganas no nos faltan!
[Fotos 5, 9, 10 y 13 por Travelpig]
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